El placer del arte.: Comprender la pintura, la escultura, la arquitectura y el diseño

 
9788425222184: El placer del arte.: Comprender la pintura, la escultura, la arquitectura y el diseño
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Que el arte pueda proporcionar placer es una idea tan ausente de las manifestaciones artísticas más recientes como de las reflexiones en torno al arte realizadas en la actualidad. Este ensayo pone en primer plano el placer de estudiar las cuatro manifestaciones del arte visual: la pintura, la escultura, la arquitectura y el diseño, y pretende convertirse en una guía para su conocimiento.

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Extracto de la introducción:

'Introducción

La idea que inspira este libro surgió de circunstancias recurrentes: muchas veces al salir del cine alguien que se disponía a asistir al espectáculo me preguntaba cómo era la película. Nunca he sabido contestar a esta pregunta; para hacerlo me hubiera sido indispensable conocer el gusto de mi interlocutor, su espíritu crítico, su preparación artístico-cultural, en fin, su idea del arte y del cine en concreto. Por otra parte la pregunta no había sido dirigida a un espectador cuya profesión estaba alejada del arte, sino a un servidor, que se ha dedicado al arte de diversas formas durante toda la vida: aquel interlocutor, sin saberlo, se había dirigido a la persona adecuada, sumiéndola en cuanto tal en un embarazoso silencio del que era indispensable hacerse perdonar. De ahí la idea de confeccionar una guía, si no de cine, del que no tengo suficiente preparación, de las artes figurativas, de arquitectura y del diseño, experiencias también sometidas a la clásica pregunta sobre su difícil comprensión.

Después de comentar este proyecto con un amigo, me oí preguntar: ¿por qué no dedicas este trabajo sólo a la arquitectura? En primer lugar porque ya lo hizo de forma insuperable, en el lejano 1948, Bruno Zevi con un libro titulado Saber ver la arquitectura; como tampoco tiene sentido limitar mi ensayo a la pintura, cuando tres años antes Lionello Venturi había escrito en Nueva York Cómo se mira un cuadro. De Giotto a Chagall, precedido a su vez en 1933 por el Para saber ver de Matteo Marangoni; ni tampoco pretendo escribir una guía sobre el diseño cuando existen libros como los de Dorfles y de Maldonado. Y podría seguir citando otros textos. Pero mis razones para escribir una guía de todas las artes figurativas son otras.

Una guía de todas las artes pretende contribuir y elevar, mejorando el conocimiento de cada una de las artes, el de toda la esfera artística y del gusto. Una tarea doble por tanto: por un lado, identificar las características específicas de cualquier forma artística y, por otro, captar sus características en común. Dicha tarea es de naturaleza hermenéutica, es decir, pertenece a aquella metodología que no admite el conocimiento de las partes sin el del todo y viceversa. En resumidas cuentas, quiero plantear el discurso global sobre las artes desde una nueva perspectiva.

Ésta, en la medida de lo posible, no sigue la historia, sino que utiliza sólo una parte de su método junto a otros -las teorías, las poéticas, las expectativas, etc.- y tiende sobre todo a situarse en la óptica del lector, dándole la máxima información posible, sin dar nada o casi nada por supuesto. Por tanto no pretendo escribir una guía sobre la historia de las artes, sobre la erudición y el aprendizaje laborioso, sino sobre el placer artístico. En este sentido quiero precisar que la cita de Adorno situada al principio del libro no es, como suele ocurrir, una frase bonita que a lo mejor tiene poco o nada que ver con el texto que viene a continuación, sino una especie de programa del presente ensayo o, al menos, de aquella parte que emana justamente de las instancias del hombre tal como es y no de otra forma, que también toma en consideración sus falsas necesidades, sus lugares comunes y todo cuanto le acompaña en el acto de acercarse a una obra de arte. Si esta inversión de perspectiva no se lleva a cabo, después de largas décadas en las que artistas, historiadores y críticos de arte han impuesto su punto de vista, si finalmente no se da la palabra a los otros -como se hace incluso en los peores programas de la televisión- y se sigue justificando con herméticos sofismas cualquier arbitrio de la fantasía, el arte realmente se muere y esta vez no en beneficio de la filosofía o de la ciencia, sino sobre todo debido a la indiferencia por parte del público.

En primer lugar para reconquistar al público, es necesario que el arte vuelva a ser algo estético, es decir, algo que proporciona placer. La tesis que anima todo el ensayo puede sintetizarse en la frase sólo lo que ya conocemos nos proporciona placer. En la fruición estética, la 'repetición' suele ser agradable y tranquilizadora: pensemos en el mayor placer que provoca la audición de un motivo musical conocido respecto a uno inédito. En el texto distinguiré el placer estético del artístico, aludiendo a la vía principal para inducir al placer del arte. Como acabo de decir, toda forma de placer exige el conocimiento de aquello capaz de dispensarlo; pero ¿cómo identificarlo con una obra de arte? Ante todo facilitando su aprendizaje y como la ambigüedad, el dualismo, el poder ser o parecer una cosa y otra, son características propias del arte, en mi análisis, he primado el uso de las dicotomías, es decir, he apostado por una serie de binomios que, al reflejar muchas características del arte, facilitan su aprendizaje. Evidentemente, al no considerar el dualismo dialéctico como la clave que todo lo explica, muchas observaciones sobre las artes no estarán necesariamente ligadas al mismo, sino a informaciones de diversa índole: histórico-críticas, sociológicas, de experiencias personales, etc. Respecto a la tesis del placer obtenido a partir de las cosas ya conocidas (que parece contradecir la opinión común por la que la fruición del arte dependería en cambio de lo inédito y de lo imprevisto) por un lado, desmentiré esta creencia y, por otro, subrayaré el hecho de que ese 'ya conocido' puede entenderse de distintas formas, incluida la del inconsciente. Ambas réplicas pueden apoyarse en el juicio de Freud, según el cual el hombre para representar a Dios le asignó las semblanzas del padre (...)'


Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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