Verwandte Artikel zu La distancia entre nosotros (Atria Espanol)

La distancia entre nosotros (Atria Espanol) - Softcover

Grande, Reyna

 
9781476710402: La distancia entre nosotros (Atria Espanol)

Inhaltsangabe

“Una historia desgarradora sobre el otro lado de la experiencia del inmigrante a EEUU– la penuria y la desolación de los niños dejados atrás por sus padres.” —Sonia Nazario, ganadora del premio Pulitzer y autora de La travesía de Enrique

Cuando el padre de Reyna Grande deja a su esposa y sus tres hijos atrás en un pueblo de México para hacer el peligroso viaje a través de la frontera a los Estados Unidos, promete que pronto regresará con el dinero suficiente para construir la casa de sus sueños. Sus promesas se vuelven más difíciles de creer cuando los meses de espera se convierten en años. Cuando se lleva a su esposa para reunirse con él, Reyna y sus hermanos son depositados en el hogar ya sobrecargado de su abuela paterna, Evila, una mujer endurecida por la vida.

Los tres hermanos se ven obligados a cuidar de sí mismos. En los juegos infantiles encuentran una manera de olvidar el dolor del abandono y a resolver problemas de adultos. Cuando su madre regresa, la reunión sienta las bases para un capítulo nuevo y dramático en la vida de Reyna: su propio viaje a El otro lado para vivir con el hombre que ha poseído su imaginación durante años— su padre ausente.

En esta memoria extraordinaria, la galardonada escritora Reyna Grande le da vida a sus años tumultuosos, capturando la confusión y las contradicciones de una infancia divida entre dos padres y dos países. Sólo en los libros, en la música y en su rica imaginación ella encontrará consuelo, un refugio momentáneo de un mundo en el que cada lugar se siente como El otro lado. La distancia entre nosotros capta el paso de una niña de la infancia a la adolescencia y más allá. Una divertida, lírica, pero desgarradora historia, nos recuerda que las alegrías y las tristezas de la infancia están siempre con nosotros, impresas en el corazón, recordándonos de ese lugar que fue nuestro primer hogar.

También disponible en inglés como The Distance Between Us.

Die Inhaltsangabe kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.

Über die Autorin bzw. den Autor

Reyna Grande is an award-winning author, motivational speaker, and writing teacher. As a young girl, she crossed the US–Mexico border to join her family in Los Angeles, a harrowing journey chronicled in The Distance Between Us, a National Book Critics Circle Award finalist. Her other books include the novels A Ballad of Love and Glory, Across a Hundred Mountains, and Dancing with Butterflies, the memoirs Migrant Heart, The Distance Between Us: Young Readers Edition, and A Dream Called Home, and the anthology Somewhere We Are Human: Authentic Voices on Migration, Survival, and New Beginnings. She lives in Woodland, California, with her husband and two children. Visit ReynaGrande.com for more information.

Auszug. © Genehmigter Nachdruck. Alle Rechte vorbehalten.

La Distancia Entre Nosotros

1


Images
Carlos, Reyna y Mago con Mami

ERA ENERO DE 1980. En el mes siguiente, mi madre cumpliría los treinta años. Pero no celebraría su cumpleaños con nosotros. Me aferré a su vestido y le pregunté: —¿Por cuánto tiempo se va?

—No por mucho tiempo —fue su respuesta. Cerró el pestillo de la pequeña maleta que había comprado de segunda mano, para su viaje a el otro lado, y supe que había llegado la hora de su partida.

A veces, si prometía portarme bien, mi madre me llevaba con ella cuando salía a la colonia a vender productos de Avon. Otras veces me dejaba en la casa de abuelita Chinta. —No tardaré mucho tiempo —ella me prometía mientras soltaba mis dedos de los suyos. Pero esta vez, cuando mi madre dijo que no se iría por mucho tiempo, yo sabía que iba a ser diferente. Sin embargo, jamás me imaginé que “no por mucho tiempo” se convertiría en “nunca”, porque la verdad es que en realidad yo no tuve a mi madre de vuelta.

—Es hora de irnos —dijo Mami al coger su maleta.

Mi hermana Mago, mi hermano Carlos y yo agarramos las bolsas de plástico llenas de nuestra ropa. Nos paramos en el umbral de la pequeña casa que alquilábamos de don Rubén, y miramos a nuestro alrededor por última vez. Los hermanos de Mami estaban empacando nuestras pertenencias para ser almacenadas en la casa de la abuelita Chinta: nuestro refrigerador que no funcionaba, pero que Mami esperaba poder arreglar algún día, la cama que Mago y yo habíamos compartido con Mami desde que Papi se fue, el armario que habíamos decorado con pegatinas de El Chavo del Ocho para ocultar los lugares en donde la pintura se había pelado. La casa estaba casi vacía. Más tarde, Mami entregaría la llave de vuelta a don Rubén y este ya no sería nuestro hogar, sino de alguien más.

Cuando estábamos a punto de salir a la luz del sol, alcancé a ver a Papi. Tío Gary estaba poniendo su retrato en una caja. Corrí a coger el retrato de las manos de mi tío.

—¿Por qué te estás llevando ese retrato? —dijo Mami mientras nos dirigíamos sobre el camino de tierra hacia la casa de la madre de Papi, donde viviríamos desde ese momento en adelante.

—Él es mi papi —le dije, y apreté el retrato contra mi pecho.

—Yo lo sé —dijo Mami—. Tu abuela tiene fotos de tu padre en su casa. No necesitas llevártelo contigo.

—Pero éste es mi papi —le dije de nuevo. Ella no entendía que esa cara en el papel detrás de una pared de vidrio era el único padre que jamás había conocido.

Tenía dos años cuando mi padre se fue. El año anterior, el peso se devaluó 45% frente al dólar estadounidense. Fue el comienzo de la peor recesión de México en cincuenta años. Mi padre se fue perseguiendo un sueño: construirnos una casa. A pesar de que era albañil y había construido muchas casas, con la inestabilidad económica de México, nunca ganaría dinero suficiente para hacer su sueño una realidad.

Como la mayoría de los inmigrantes, mi padre había salido de su país natal con grandes expectativas de lo que sería la vida en el otro lado. Una vez que la realidad se impuso y se dio cuenta de que los dólares no eran tan fáciles de ganar como lo contaba la gente, tuvo que enfrentar dos opciones: regresar a México con las manos vacías y con la cabeza baja, o enviar por mi madre. Se decidió por lo último, con la esperanza de que entre los dos podían ganar el dinero necesario para construir la casa que soñaba. Luego, podrían finalmente regresar a su país con la cabeza bien alta, orgullosos de lo que habían logrado.

Mientras tanto, nos estaba dejando sin madre.

Mago, cuyo verdadero nombre es Magloria, aunque nadie la llama así, tomó mi bolsa de ropa para que yo pudiera coger el retrato de Papi con las dos manos. Era difícil mantener el equilibrio en un camino lleno de rocas, con las cuales podría tropezar y caerme. Esa mañana de enero yo fui muy cuidadosa porque llevaba a mi papi entre mis brazos, y se podía romper con facilidad, al igual que la botella de Coca-Cola que Mago llevaba el día en que se tropezó, se rompió en pedazos, el líquido dulce de color marrón lavaba la sangre que manaba de la herida Mago. Tuvo tres puntos de sutura. Esa no sería su primera cicatriz, y tampoco la última.

—¿Juana, ya te vas? —dijo doña María. Era una de las clientes de Avon de Mami. Corría por el camino con una bolsa vacía rumbo al mercado. Sus labios estaban pintados de color rosa con el lápiz labial de Avon que le había comprado a crédito a Mami.

—Ya me voy, amiga —dijo Mami—. Mi esposo me necesita a su lado. Había perdido la cuenta de las veces que Mami había dicho eso desde que llamó mi padre por teléfono tres semanas atrás. En poco tiempo toda la colonia de La Guadalupe se enteró de que Mami se iba para el otro lado. Me enfurecía al oírle decir esas palabras: “Mi esposo me necesita”, como si mi padre no fuera un hombre hecho y derecho, como si sus hijos no la necesitaran también.

—Mi madre estará recolectando el dinero que usted me debe —le dijo Mami a doña María—. Espero que esté de acuerdo.

Doña María no la miró. Asintió con la cabeza y le deseó a mi madre un viaje libre de peligros. —Voy a rezar para que tenga éxito en el cruce, Juana —dijo.

—No se preocupe, doña María, no voy a cruzar corriendo a través de la frontera. Mi marido le ha pagado a alguien para que me crucen por la línea con papeles prestados, era costoso, pero no quería ponerme en peligro alguno.

—Por supuesto, ¿cómo podría hacerlo de otra manera? —doña María murmuró mientras se alejaba.

En aquel entonces, yo era demasiado joven para darme cuenta de que a diferencia de mí, Mami no caminaba con los ojos hacia el suelo porque tenía miedo de tropezarse con las rocas. Yo era demasiado joven para saber sobre los hombres que se iban a el otro lado y jamás regresaban. Algunos de ellos encontraban nuevas esposas. Comenzaban una nueva familia. Otros desaparecían por completo, reinventándose a sí mismos tan pronto llegaban al otro lado, olvidándose de los que habían dejado atrás.

Era una preocupación que no dejaba a mi madre dormir, aunque yo no lo sabía en aquel entonces. Semanas después todo cambió con la llamada de mi padre, caminaba diferente, ya no miraba más hacia el suelo. “Mi esposo ha enviado por mí. Él me necesita”, le dijo a todo el mundo, y las mujeres, como doña María, cuyo marido la dejó hace mucho tiempo, bajaban la mirada.

No vivíamos lejos de la casa de mi abuela, y tan pronto le dimos vuelta a la esquina, apareció a la vista. La casa hecha de adobe de la abuela Evila estaba localizada al pie de una colina. Tenía la forma de una caja, y había sido pintada de...

„Über diesen Titel“ kann sich auf eine andere Ausgabe dieses Titels beziehen.